A QUE TE MATO DE METIRITAS Por: César, Godínez

Godínez, Meneses, César

A que te mato de mentiritas

Chupándose el dedo y comiendo unas cosas bien grasosas frente al divertido mundo de los colores, de las imágenes y de las formas despectivas, denigrantes y discriminatorias de la televisión , éstas , fanáticas de la muerte; eso es lo que se observa en la pantalla del televisor en forma de caricaturas para “niños”.
La sociedad del poder ahora reunida entorno a buscar un nuevo público de dominación ha canalizado sus baterías mediáticas a un sector muy fácil de moldear, tal como lo es el de los niños; prueba de ello es la característica de vender opciones de entretenimiento para ese sector vulnerable psicológicamente con tendencias a copiar las mismas actitudes de sus personajes, según eso porque son bien chidos y desearían ser de grandes como ellos, es decir, personas bien relajadas y con una vida super cool, ellos no son nacos son gente con estilo.
Dicen los que saben (Instituto Mora y CONACYT) que la población infantil pasa un 24% frente al televisor, observando caricaturas, en su mayoría, y últimamente los programas de la señorita Laura, los programas sexistas como lo es el del chico mediático: Facundo, y hasta las repetir patrones de índole sexual explicito de ese personaje.
Las caricaturas, principalmente, son los productos consumidos por los niños, en su mayoría cargadas de un contenido activamente discriminatorio, lascivo, obsceno en cantidad de imágenes captadas por el televidente infantil, en la mayoría de los casos acompañados por hábitos alimenticios no muy saludables y dejando de lado la recreación del cuerpo, es decir, el ejercicio.
Las caricaturas son el motor y el modelo a seguir por parte del público infantil y por imitación no pueden discernir entre la ficción y la fantasía, tal es el caso de sentir impulsos de irá en contra de los compañeros del salón de clases, de resentimiento, si alguien no es como nuestro personaje, es decir, debe ser fuerte, aguerrido, para los niños y en el caso de las niñas sus personajes deben ser: la tímida, la callada, como un objeto sexual y ser sumisa ante todo, como la esposa de Homero Simpson y tan sensual como son las heroínas de Japón, si no es como lo antes expuesto los niños y niñas tienden a ser conservadores y discriminatorios con sus semejantes.
Para Olga Bustos Romero, maestra e investigadora de la Facultad de Psicología de la UNAM, explica que en la imágenes de las caricaturas muestran una falta de valores éticos humanos y de profunda desigualdad social, discriminación al diferente, a la mujer y a la propia inteligencia de los niños, la imposición de reglas de conducta y comportamiento por parte de las caricaturas, dejando de lado el papel de educador de la familia, la escuela y la sociedad, ahora suplantados por la nueva rectorara de la educación en nuestro país, es decir, la televisión.
Bustos Romero señala que las caricaturas dejan entrever la falta de sentido humano y un profundo vacío en los valores sociales y ha percibir un aíre de desprecio, violencia y marginación del espíritu.
En el inconsciente de los infantes se forman una serie pulsiones hacia la muerte y exteriorizado en las caricaturas puede provocar sociedades vampiro, donde lo único y fundamental es ver correr la sangre del otro; al fin es que si lo matas al rato revive, como en las caricaturas, no son conscientes los niños de esa situación con respecto a que la vida es vida y la muerte es muerte, en las caricaturas tienden a generalizan ese concepto.
Lo anterior es común entre los niños después de ver la caricaturas y decir: “a que te mato de mentiritas es como en la tele y al rato revives”; lo anterior nos muestra el impacto psicológico de las series animadas en las personas menores; no es posible este tipo de comportamientos, debe ser responsabilidad de los padres, gobierno e instituciones velar por todos y en especial por nuestra infancia mexicana, es decir, el futuro de México.