Cuento en honor al CCH Sur
Cualquier pedrada que este cuento pueda causar, es mera coincidencia...
Emilio era un joven desgarbado. Leyó en su infancia a Dostoiyevski y a Tolstoi y más adelante a Lenin y Marx.
Su gran pasión era lograr la transformación del mundo, de su país... de su chalupa si no llegaba a más. Para sus 15 años había leído más que la media de la población mexicana y se ufanaba de ello; sin embargo, pronto entraría a la preparatoria y no tenía idea de a cual quería entrar.
Por otra parte, Alfonso, de su misma edad iba en la misma secundaria que Emilio, tenía un gran amigo que se llamaba Manuel y juntos se iban de fiesta en fiesta, besaban a cuanta chica se dejara y bebian como cerdos.
Pronto Alfonso y Manuel empezaron a dudar de lo que hacían y de cómo trataban a la gente:
-Mira esta cosa me la prestó mi cuñado, es sobre la muerte de un anarquista italiano que se llamaba Carlo Giuliani, está cabrón y creo que voy a hacer anarquista- Le decía Alfonso entre chela y chela a su amigo.
-Pero está cabrón, guey, la neta suena chido, pero disculparás mi ignorancia... ¿Qué es un anarquista?
-Pues mira, es golpear policías, robar y echar desmadre... como este compa..!- respondió Alfonso sacando la primera idea de lo que era ser anarquista sin tener nada claro pero esperando que su amigo no lo tachara de pendejo.
Estos tres chicos hicieron su examen de ingreso a la media superior. Ambos decidieron entrar al Colegio de Ciencias y Humanidades del plantel Sur; Alfonso y Manuel se alejaron sin dejar de hablarse. Alfonso entraría a colaborar en uno de los cubículos estudiantiles de ahí esperando encontrar toda aquella teoría que solo no sabia cómo buscar.
Emilio seguía leyendo, adentrándose al mundo revolucionario, pronto se dió cuenta que la teoría trotskista era “más concreta” que todas las demás y sintió que había llegado el momento de organizarse para lograr que los trabajadores dieran un gran golpe al Estado e instaurar el socialismo en México. Al igual que Alfonso, entró a un cubículo estudiantil con ganas de trabajar y sacrificar todo lo necesario.
Manuel se interesó por el mundo de su amigo y empezó a leer sobre corrientes revolucionarias. Empezó leyendo a Stalin, y tiempo después a Trotsky, leía cuanto libro le caía y empezó a cuestionar todos sus argumentos.
Un día como cualquier otro, Alfonso estaba bebiendo en Ciudad Universitaria, alegre con la gente que lo rodeaba, empezó a percibir cierto desaliento en la conversación: la Revolución ha fracasado tantas veces que es inútil creer que algún día llegará a ser verdad... Salud por la gente revolucionaria!!
-Salud!! -repetían al unísono sus amigos.
Emilio se encontraba redactando artículos para su próximo periódico a salir mientras Manuel estaba con su chica en una jardinera del CCH besándose y prometiéndose amor eterno.
De pronto, empezaron a ver una pelea: eran los porros
Pero... ¿qué son los porros? Son jóvenes que al no sentirse identificados con ninguna ideología son presa fácil para las autoridades (sobre todo escolares). Usualmente son utilizados (aunque ellos no estén conscientes de ello) para labores de espionaje.
Bien pueden estar en un salón y saber quién piensa de manera distinta a los demás. Son soplones y su paga son fiestas atascadas de alcohol y drogas (para hacerlos dependientes y cada vez más oligofrénicos).
También son utilizados como grupos de choque, es decir, crean confrontación entre los “activistas” y aprovechan su vulnerabilidad para atacarlos. También roban e incluso violan. El cielo es el límite para ellos ya que gracias a la protección de las autoridades son intocables hasta que den sus cabezas , los expulsen o cambien de plantel porque la situación ya sea muy extrema.
Pero bueno... regresemos.
Los porros estaban peléandose entre ellos por la dirigencia o porque a tal persona le gustaba una chica que otro había usado... en fin, no sabemos el porqué, simplemente el hecho es concreto y veraz.
Los activistas, hartos de la situación, hartos de la vida, hartos de sí mismos, deciden unir todo ese coraje en un sólo enemigo: los porros.
La puerta de la entrada al CCH la están cerrando, los activistas contra los porros, los administrativos sin saber qué hacer, los profesores en pánico...
MÉXICO, PUMAS, UNIVERSIDAD...! GOYA, GOYA, CACHÚN CACHÚN RA RA, GOYA...UNIVERSIDAD!
-Pública y gratuita!
-Sin porros!- grita alguien desde atrás.
Los activistas deciden tomar la escuela hasta que se cumplan sus demandas. ¡Fuera porros de la UNAM! es la consigna.
Alfonso está en un Auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras y está hasta la madre de alcohol, de pronto vé que en su celular tiene 15 llamadas perdidas... todas de Manuel...
Decide devolver las llamadas y le marca:
-Guey qué pedo.. ¿porqué me marcaste?
-No mames cabrón caéle al CCH, paralizamos la escuela y no sabemos qué hacer...
-Cámara puto en un rato les caigo... No me explique qué pedo, ahorita voy para allá...
Termina la llamada y Alfonso se para como puede, intenta avisarle a sus amigos pero algunos ya hasta se fueron a coger... ups... a “hacer el amor”...
Alfonso llega con los que se pueden parar.. o por lo menos sostener en cuatro patas... , se quedan a dormir en la noche en la escuela mientras deciden qué harán al siguiente día.
Los alumnos del CCH llegan (algunos, claro) puntuales a sus clases... esperan ver a sus maestros que tampoco la han pasado también, algunos han dedicado su vida totalmente a la academia dándose cuenta que no era lo que deseaban para su vida...
-¡Queremos clases!- gritaban pocos... aquellos acompañados por sus padres, esperando no quedarse en casa cuidando a sus hermanos pequeños o enojados por levantarse temprano y no encontrar la escuela abierta.
-Nos quedamos a la asamblea y nos vamos a chupar a mi casa... a esta hora ya está desocupada- Se escuchan las pláticas de los chicos de afuera de la escuela...
Los activistas cuentan lo que sucedió: la agresión de los porros, los asaltos, todo lo que ha sucedido.
Algunos no lo creen, algunos se hacen disimulados y otros mas quieren irse a beber.
Se hace la asamblea con los estudiantes y los pocos que están presentes deciden que será un para indefinido hasta que se cumplan las demandas:
-Destituir a las autoridades que solapan a los grupos porriles
-Mejoras en la biblioteca
-Mejoras de servicios
Junta tras junta, asamblea tras asamblea, los activistas están cansados de los mismo: Intentar poner su idea ante la de todos los demás ya que poseen un don: pueden ver, sentir, oler, escuchar axiomas pero resisten como buenos revolucionarios que son, resisten ante las embestiduras del Estado y el espionaje que la CIA a través de pájaros he tratado de infiltrar al CCH... es más, esa ardilla brinca sospechosamente....
Durante la noche del paro suceden varias cosas interesantes: Alfonso se mete a su cubículo con sus compañeros que de pronto sacan una botella en forma de panal y deciden beber lo que dentro de este mágico envase existe...
Emilio se va con sus camaradas al cubículo de al lado que tiene en su puerta la leyenda: “Putos troskhistas” que hace unos días fuera pintada por Alfonso. Deciden redactar un plan de acción para el día siguiente así como definir su posición ante el paro e impulsar la revolución socialista con ayuda de los trabajadores del sindicato.
Manuel observa cada movimiento, lee en su mente cada discurso expresado por sus compañeros ahí adentro y, pese a la insistencia de Alfonso de echarse un trago “por los buenos tiempos”, decide que es mejor descansar y esperar la luz de un nuevo día.
Suena una alarma... suena fuerte, alguien corre y escapa tropezando con los escalones que quién sabe quién movió de repente...
-¿Qué pasa?- pregunta una chica que acababa de emprender su camino hacia los brazos de Morfeo-... ¿Algún ataque?... ¿Qué hacemos?- repite con ansias de salir a golpear a alguien.
-Los pinches anarcos abrieron una cafetería, se están robando la comida... ¿qué pedo, qué hacemos?
Al escuchar esto, Emilio sale de su cubículo e intenta calmar a sus compañeros
-A ver, aguanten, ya saben cómo son esos gueyes, es más, ni si quiera sé por qué dejaron que se quedaran si ni siquiera pertenecen ya a este plantel...
De entre los arbustos salen unas sombras que suben hacia el edificio donde esta discusión se desenvolvía
-¿Qué pedo, no tienen hambre?- pregunta la chica en turno de Alfonso
-No mames, qué chingaderas están haciendo?
Los jóvenes “anarquistas” se meten a su cubículo cual hijo resentido por su padre tras ser regañado por una travesura...
-Váyanse a la chingada- es lo último que se escucha de éstos últimos.
La luz de un nuevo día resplandece sobre la masa nebulosa de smog y químicos de la Ciudad Monstruo, los pájaros-espías vuelven a su posición, las ardillas son cada vez más sospechosas, sobre todo aquella que compartió el robo con los jóvenes llevándose para sí un gran trozo de jamón.
Los estudiantes han llegado puntuales a la cita para la asamblea donde los resolutivos están a punto de darse pero... oh... ¿sorpresa?
Los activistas no se han levantado, algunos crudos, algunos... ni si quiera en ese estado.
Los pocos que intentan organizarse con colectivo o sin él son desdeñados cual basura putrefacta en la pepena de Navidad.
“Es que son nuevos, apenas se ha visto su trabajo”; “Yo a ese guey lo he visto... creo que es tira”; “Es que están morros”- son los argumentos que dan los mismos compañeros que dicen ser solidarios con su pueblo.
Las autoridades listas a negociar, los estudiantes expectantes, los padres de familia encabronados por tener a sus hijos en casa, los profesores preocupados por perder su trabajo, todo esperando la salida de las estrellas... perdón, de los jóvenes activistas... se sientan, buscan entre sus bolsillos dinero para compara una bon-ice con él Don que se vio abusado y aprovechó el paro y el calor de 30° para hacer su buen agosto.
Llegan abriendo plaza...
-No vamos a negociar con ustedes... mmm... queremos autoriades de más alto nivel... mmm... huelen feo!- esla respuesta que reciben las autoridades.
Empieza la discusión...
.¡PORTAZO!, ¡PORTAZO!- se oyen gritos de profes, alumnos y padres de familia...
-Cálmense, ésa no es la solución...- comenta el director con cara de “¡¿qué pinche necesidad tebgo yo de aguantar a estos cabrones y ser diplomático con la gente?!”
El tiempo transcurre y los jóvenes desean tener la escuela en su poder pero... ¿qué hacer con ella?.
Algunos la agarran como un amplio cenicero y no precisamente de tabacos industrializados, algunos, como un buen bebedero o como diría el cartel de una pulquería en Xochimilco: “Todo burro vuelve al mismo bebedero”... ¿será cierto?
Manuel ve todo y piensa para sí mismo: “Ellos se quejan porque dicen que las autoridades idiotizan a los jóvenes con alcohol y drogas como pago para hacer tonterías.... ¿Por qué ellos hacen lo mismo?
Mientras está filosofando, le llega una llamada. Vé quién le llama: “Chubaca GES”.
Manuel intenta hacerse el disimulado y se aleja de la asamblea:
-¿Cómo está todo por allá?-pregunta el dirigente porril con un tono amenazante.
-Pues les van a dar en la madre... ya ves guey, te dije que no era necesario que vinieran, solitos pudieron madrearse, pero checa la cosa: Aqui dentro están todos divididos, el director intenta disimular pero ya está hasta la madre de todo esto, los estudiantes solitos van a exigir clases y esto ya va a terminar... no te preocupes, acá estoy de cualquier forma.
Termina la llamada
Manuel ríe, ríe como nunca en su vida lo ha hecho...
“Pendejos... ellos me cuentan todo, conozco todo de ellos y ni siquiera se dan cuenta cual es su verdadero peligro: la incongruencia ”- piensa mientras corre a abrazar a su chica.
Al paso de unos días, de asamblea tras asamblea y de diálogo con las autoridades que ellos mismos decían desconocer el paro finaliza con un aplauso entre los Medios Independientes: “Viva el paro de CCH Sur”; “Urras para los combativos compañeros del CCH”; “Nueva victoria en el movimiento estudiantil”...
Los estudiantes que vieron esto se preguntaron: ¿De verdad ganamos?, ¿Qué ganamos?... ¿Un cambio trascendental?, ¿De nuevo la revolución no se hizo?... ¡Movilicemos de nuevo a las clases explotadas...!
-Bueno, vámonos a chupar- se escucha entre los alumnos- a esta hora no hay nadie en mi casa y tengo hueva de entrar a clases.
-Siiiii- es la respuesta que suena al unísono.
Juntos salen Alfonso y Manuel abrazados como los buenos camaradas que nunca han de abandonarse: ni en las malas y muchísimo menos en una victoria como la que acaban de obtener...


